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22 may. 2018

¿Quieres adelgazar y mejorar tu salud? Entonces, aprende a cocinar.

"Cocinar en un arte, y cualquier arte requiere conocer las técnicas y los materiales" .- Nathan Myhrvold

"Cocinar requiere atención, paciencia, y sobre todo, respeto por los regalos de la naturaleza. Es una forma de adoración, de dar gracias" .- Judith B. Jones
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Cocinar nos hizo humanos

Muchos opinan que los alimentos crudos son superiores. Filosofías como la de los crudiveganos defienden que cocinar es antinatural y que reduce los nutrientes de los alimentos.

En la propia comunidad Paleo algunos piensan que debemos comer la carne cruda, como creen que lo hacían nuestros antepasados. Están equivocados. No podemos olvidar que los humanos evolucionamos con nuestras herramientas, y posiblemente el fuego ha sido la 'herramienta' que más impacto ha tenido en nuestra evolución. Algunos expertos van más allá y, con cada vez más pruebas, afirman que es gracias al fuego que somos humanos.

Libros como 'Catching Fire: How cooking made us human', de Richard Wrangham (profesor de antropología en Harvard) presentan una convincente teoría sobre el impacto que la fórmula "fuego+comida" ha tenido en nuestra evolución. Cocinar nos permitió digerir fácilmente mucha más energía, procedente principalmente de la carne y de ciertas raíces y tubérculos. Esto hizo posible que nuestro cerebro aumentara de tamaño (es un quemador compulsivo de energía) y nuestro sistema digestivo disminuyera de manera importante (hoy mucho más pequeño que el de los primates). La absorción de los nutrientes en nuestro intestino aumenta más de un 50% en el caso de comida cocinada.

Esto no quiere decir que no haya alimentos (principalmente verduras y frutas) que debamos seguir comiendo crudos (no en vano son la base de la pirámide de nutrición que propongo), pero es un error conceptual pensar que la mayoría de nuestras calorías procedían de alimentos crudos. Si fuera así, seguiríamos siendo monos, pasando la mayor parte del tiempo masticando y digiriendo, y ni así podríamos proporcionar la energía suficiente para alimentar un cerebro avanzado.

Cocinar parece haber moldeado no sólo nuestro cuerpo, sino también algunos de los comportamientos sociales que mantenemos hoy día, como la costumbre de comer juntos, en momentos definidos, antiguamente alrededor del fuego. Tristemente hoy comemos con frecuencia solos, delante de una pantalla.

La perversión moderna

De la misma manera que estamos cableados para movernos, lo estamos para cocinar. Nos sigue pareciendo misterioso el fuego, juntarnos con amigos alrededor de una hoguera. Hay algo mágico en estos momentos, porque durante millones de años, fue un ritual. Cocinar con fuego, y ver cómo diferentes ingredientes, algunos difíciles de digerir en su estado natural, se convierten antes nuestros ojos en deliciosos y nutritivos manjares, sigue alterando nuestras emociones.

De esta atracción primitiva se aprovechan en la actualidad los productores de televisión. En los últimos años, hemos pasado de los clásicos programas de cocina, que pretendían enseñar, a los reality shows culinarios, que sólo pretenden entretener. No nos motivan a cocinar más, sino a estar más distraídos y pasar más tiempo frente al televisor.

El resultado es una triste paradoja, ves MasterChef mientras comes un plato precocinado.

Es el equivalente a ver deporte en la televisión, en vez de practicarlo. No tengo nada en contra de ver MasterChef de vez en cuando o en contra de ver un buen partido de fútbol (o lo que sea). Pero si pasas más tiempo viendo cómo otros cocinan en la televisión que cocinando tu mismo, o más tiempo viendo cómo otros hacen deporte que practicándolo tú mismo, tienes un problema....



Y en el fondo, creo que nos gusta ver a otros cocinar porque hay algo que echamos de menos de este proceso, algo que nos toca emocionalmente, algo en nuestro ADN que nos dice que debemos hacerlo.

Si cocinar está en nuestros genes, es lógico pensar que dejar de hacerlo va a tener un impacto en nuestra salud, especialmente cuando dejamos a la industria alimentaria llenar ese vacío. Y los datos parecen apoyar esta teoría: existe una correlación inversa entre el tiempo que se pasa cocinando y la obesidad (estudio).

¿Cómo llegamos a este punto?

Las últimas décadas han sido testigo de profundos cambios, de los que he hablado en ocasiones anteriores:
  • Crecimiento y concentración de poder en las grandes multinacionales de la alimentación, que se gastan millones en marketing para convencernos de que les dejemos cocinar por nosotros. Nos lo venden como 'liberación', cuando simplemente nos hacen más dependientes de sus productos.
  • Mujeres trabajadoras: Me parece estupendo que la mujer se incorpore al mercado de trabajo, pero creo que es un error de muchas feministas pensar que la cocina es una forma de opresión. Al revés, es un proceso creativo y un acto de rebeldía hacia los fabricantes de comida preparada. Cualquier movimiento que intente sacar a la mujer de la cocina se equivoca; lo que realmente debemos intentar es que el hombre entre también (y por supuesto los niños, si no, ¿quién va a enseñar a cocinar a las siguientes generaciones?)
  • La cultura de la velocidad y la productividad: Suena tentador ahorrar 15 minutos en la preparación de la cena. Pero ¿para qué? ¿Para ver el último capítulo de MasterChef?
Esto nos ha llevado a dedicar mucho menos tiempo a cocinar que hace sólo unas décadas. Incluso ha cambiado el significado de la palabra 'cocinar'. Muchas de nuestras abuelas nos lanzarían una mirada cargada de desprecio por lo que hoy llamamos cocinar. Hervir pasta y añadirle salsa de bote no es cocinar. Prepararse un sandwich de jamón y queso no es cocinar.

En los tiempos de mi abuela, cocinar pollo significaba ir al corral, agarrar la gallina por las patas, cortarle la cabeza, desplumarla, sacarle las tripas, preparar el acompañamiento, guisar el pollo... Me considero afortunado de haber vivido eso. No digo que debamos volver a este extremo, pero hay un término medio.

¡Libérate!

Si no sabes cocinar, eres dependiente. Eres dependiente de algún miembro de tu familia, en el mejor de los casos, o eres dependiente de la industria alimentaria, y te aseguro que no están muy preocupados por tu salud.

Incluso si tienes el dinero para comer cada día en los mejores restaurantes, te puedo garantizar que no utilizan los mejores ingredientes.

Mejorar mis habilidades culinarias ha sido un reto que me he marcado en los últimos meses, para lo cual he adquirido varios libros de cocina. Hay miles, y seguramente cualquiera de ellos sea preferible a comer algo que viene en una caja, pero me entran escalofríos cuando veo libros de 'cocina saludable' con las recomendaciones habituales de la terrible pirámide alimentaria: muchos cereales, muchas harinas, muchos aceites vegetales de semillas, e incluso mucho azúcar.

Por este motivo hemos creado un programa propio, que te enseña cómo seleccionar los mejores alimentos y cómo prepararlos, El Plan Revolucionario.

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visto aqui.

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