¿Eres
de los que reflexionan sobre cualquier cosa con más frecuencia y
durante más tiempo que los demás? ¿Te preocupas mucho por los
sentimientos de otras personas, ya sean conocidas o no? ¿Prefieres
ambientes menos caóticos y más tranquilos? Puede que seas una persona muy sensible, aunque creo que ya te habías dado cuenta.
¿Cuál es el secreto de las personas sensibles? Las emociones.
La gente sensible no solo vive las emociones con más intensidad —cosa
que también conllevará consecuencias negativas—, sino que, además, es
más perceptiva ante las emociones ajenas.
Veamos cuáles son los mejores y peores puntos de las personas altamente sensibles
1. Reactividad emocional
La gente sensible es más reactiva a sus
estados emocionales. Esto tiene dos consecuencias principales: por un
lado, estas personas viven sus emociones con más intensidad. Se alegran mucho más, son más agradecidos, se entristecen con más facilidad… Una de las ventajas de esto es que pueden llegar a ser muy apasionados. Les gusta llegar hasta el final de sus asuntos y procesan las cosas a un nivel más profundo. Son muy intuitivos y les gusta descubrirlo todo.
Por otro lado, son personas más empáticas, es decir, reaccionan más ante lo que le pasa a la gente. Y, ante un suceso negativo, se preocupan más por el estado de sus amigos o, incluso, por los que no son amigos.
Suena genial, ¿verdad? Sí, pero claro, esto acarrea una serie de desventajas también. Por ejemplo, son más sensibles a las críticas. Se lo pueden tomar todo como algo muy personal y reaccionan negativamente a los conflictos. Además, lloran con más facilidad. De hecho, son más proclives a sufrir ansiedad o depresión. Aunque esto solo ocurre si han sufrido mucho estrés desde pequeños.
Y, aunque parezca obvio, los ruidos molestos les son más desagradables.
Vale, diréis que así somos todos. A
nadie le gusta los sonidos molestos. Sí, pero ellas los odian. Es como
los aparatitos de ultrasonidos para los roedores en las casas. Les
revienta. Y, en algunos casos, con las películas violentas, les pasa lo
mismo. Las escenas sangrientas o muy sufridas les afectan mucho;
en parte ocurre por culpa de esa empatía innata que llevan dentro,
aunque comprendan que todos son actores y lo que pasa no es verdad. Pero
no pueden evitarlo. Las escenas violentas son como el ruido.
2. Sociabilidad y decisiones
¿Cómo son las personas sensibles con el resto de la gente y en el trabajo? Empecemos con su vida social.
¿Las personas sensibles serán siempre introvertidas? No tiene por qué. De hecho, según las estadísticas, al menos un 30% de los extrovertidos son también sensibles. Aunque sí, lo más general es que sean introvertido porque cuidan más de su entorno y son más perceptivos.
Una persona extrovertida y además sensible tendrá un don innato para la comunicación. Será capaz de detectar tu estado emocional y tus necesidades, y adaptarse a ti para que te sientas cómodo con ella.
E, independientemente del encanto, la persona sensible busca ante todo agradar. No lo hace porque tenga baja autoestima
y no pueda tolerar no ser aceptados. Sabemos que estas personas no
toleran bien las críticas, pero no tiene nada que ver con ser o no ser
aceptados. La palabra idónea para describir a una persona así es pacificadora. Los sensibles buscan encontrar siempre el acuerdo, la comunión, el equilibrio, el buen rollo. Son muy hippies en ese sentido.
Y en el trabajo, como hemos dicho, pueden llegar a ser muy apasionados.
Les gusta estudiar todas las opciones, analizar todas las
posibilidades… Son muy analíticos. Y si tienes a alguien así en tu
equipo, será estupendo planear estrategias con él.
Eso sí, ni por asomo le pidas que tome decisiones.
Es horrible. El problema de esa sensibilidad es que, aparte de que la
persona se toma su tiempo para estudiar las posibilidades, cuando toma
una decisión —si es que la toma—, se siente muy insegura y se arrepiente
mucho de las decisiones que toma.
Y eso no solo ocurre en un ambiente de trabajo, sino también con decisiones banales de la vida diaria.
3. Intimidad
Al igual que los introvertidos, a la gente sensible le gusta cuidar su intimidad. No porque se sienta que le están chupando la energía, sino porque necesita cierto orden para gestionar sus emociones.
Por eso, cuando se trata de trabajo individual, las personas muy
sensibles preferirán espacios cerrados, diferenciados del resto, para
poder tener su santuario. Así pueden controlar sus estímulos. Sin
embargo, si hay que trabajar en equipo, se trabaja. Y ya hemos visto
cómo trabajan.
A la hora de practicar deporte, por
ejemplo, también preferirán un deporte más individual. Bicicleta,
senderismo… cualquier cosa que no sea en equipo. ¿Por qué? Jugar en un
equipo donde se sentirán evaluados por sus compañeros no les agrada
demasiado. No toleran bien las críticas. ¿Recuerdas?
Aún así, si se les anima
convenientemente se pueden aventurar a jugar en equipo. Y, como
resultado, su estilo estará encaminado a lo anteriormente dicho: cohesión y complicidad.
En muchas sociedades occidentales hemos interiorizado que la emotividad y las emociones pueden llegar a ser un signo de flaqueza o debilidad, y que es mejor mantenerlas ocultas en ciertos momentos o, incluso, reprimirlas como signo de virtud y fortaleza. Esta idea de dureza es un auténtico quebradero de cabeza para personas que viven muy intensamente sus emociones, como son las personas sensibles.
Sin embargo, más allá de sus virtudes o
defectos, las personas altamente sensibles nos da una oportunidad de
conocer hasta dónde puede llegar el poder de nuestras emociones; amén de
convertirse también en agentes pacificadores y dinamizadores del grupo
donde estén. No es cuestión de “comprenderlos”, sino de “dejarles ser”.
¡Pon una persona sensible en tu vida!
VISTO AQUI.
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