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6 may. 2018

Escribir ayuda a liberar las emociones.

No solo refuerza nuestra autoestima, sino también nuestro sistema inmunológico, al aportar felicidad y tranquilidad, dejando a un lado el estrés y la ansiedad.

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A pesar del protagonismo que ha adquirido la tecnología e los últimos tiempos, hay algo que sigue existiendo y es tomar un cuaderno, una birome y escribir. Hacerlo sin tener noción alguna de letras, sólo como catarsis. Las niñas vuelcan en sus diarios íntimos sus sentimientos, y aún de grandes, ese hábito se vuelve una terapia sanadora de la mente y el cuerpo.

El poeta y narrador estadounidense William Faulkner decía: "Los que pueden actúan, y los que no pueden, y sufren por ello, escriben." De eso se trata la escritura emocional, un canal de expresión privado para el que solo necesitás conectarte con tus emociones.

Los beneficios de la escritura terapéutica son muchos: ordena las ideas, ayuda a tomar decisiones y minimiza el estrés, ya que escribir, así como lo es hablar, sirve de desahogo.

Siempre es mejor decir lo que nos pasa y sacar hacia afuera los sentimientos y vivencias negativas, pero a veces no es posible. Puede ser nos cueste acudir a un profesional de la psicología o no contemos con personas de confianza que nos puedan escuchar y entender, es entonces cuando escribir puede convertirse en un proceso de mejora terapéutica.

El psicólogo estadounidense James Pennebaker, profesor de la Universidad de Texas, realizó un profundo y exhaustivo estudio acerca de la escritura terapéutica. Según él, este sencillo ejercicio es una llave perfecta para abrir ese complejo mundo interior del que todos disponemos.

Además, suele suceder que muchas veces las tensiones interiores se transforman en malestares físicos, como dolor de cabeza, migrañas, distorsiones en la vista, dolores de espalda, problemas estomacales, palpitaciones, mareos, entre otros.

Por eso, sugiere el especialista, que cada persona exprese de alguna manera los problemas que tiene en su vida diaria a fin de sacar hacia afuera todo lo que le hace mal por dentro. Con el tiempo, si nos guardamos las cosas negativas, terminarán aflorando como malestares físicos e, incluso, enfermedades.

Beneficios de la escritura terapéutica

Descubrir y comprender las emociones

Nos abre un mecanismo personal para ahondar en nuestros pensamientos y emociones. El motor de inicio puede ser un momento de angustia, de bronca o, incluso, de felicidad. Y algunos interrogantes como ¿qué es lo que siento ahora? ¿Es rabia, es tristeza? ¿Por qué me siento así? ¿Qué puedo hacer para estar mejor?, nos ayudan a descubrir lo que nos pasa; a medida que escribimos, esa "madeja de emociones" se va desenredando.

Evitar el estrés

Exponer estas ideas nos va a permitir ir reduciendo el estrés poco a poco, al abordar todos esos muros existentes en nuestra vida que día a día nos van quitando las energías. Escribir sobre ellas es un buen modo de reconocer esos obstáculos, poniéndoles nombre para afrontarlos mediante una serie de sugerencias propias que irán surgiendo a medida que escribimos.

Autocontrol

La escritura personal puede llegar a ser un proceso psicoterapéutico y de autoayuda perfecto, ahí donde no necesitamos la intervención psicológica de un profesional. Si lo hacemos bien, si somos sinceros reconociendo nuestros problemas y pautando medidas de acción, seremos dueños de nuestra vida al ser capaces de tomar el control en beneficio propio.

Ayuda al bienestar físico

Esta sensación de autocapacidad para gestionar los problemas a través de la escritura, nos aporta salud y bienestar. No solo refuerza nuestra autoestima, sino también nuestro sistema inmunológico, al aportar felicidad y tranquilidad, dejando a un lado el estrés y la ansiedad.

Cómo llevar a cabo la escritura terapéutica

La escritura terapéutica consiste en escribir sin pensar en cómo queda. La gramática y la forma de expresión es lo de menos, si estamos atentos a que quede escrito de una manera correcta no funcionará. La idea de lo que escribimos no es publicarlo, por lo tanto lo único importante es dejar que salga todo lo que guardamos de forma espontánea y natural.

Mientras se va escribiendo se pasa por diferentes estados emocionales, hay que dar rienda suelta a esas emociones y expresarlas sin miedo. Debe de ser una escritura más o menos continua, como si se lo estuviéramos contando a alguien.

A menudo, depende de la situación por la que hayamos pasado, la mente se resiste a expresar las cosas porque intenta protegernos del dolor que causa recordar el suceso. Ante eso, hay que tener paciencia e insistir varios días seguidos para seguir completando el escrito.

Lo positivo de la escritura terapéutica es que no hay restricciones. Muchas veces cuando tenemos que contar un problema a alguien de confianza, nos guardamos cosas por vergüenza o por miedo al "qué dirán", pero en la escritura personal estamos a solas con nosotros mismos, además, sabemos que una vez terminado el escrito nadie lo verá porque podemos romperlo y aún así, resulta eficiente.

No es conveniente guardar esos escritos para releerlos, lo que recomiendan los especialistas es deshacernos del texto una vez escrito, ya que, volverlo a leer podría llevarnos otra vez aquellos sentimientos en vez de liberarnos. Cada emoción expresada forma parte de un momento que se supone queremos dejar atrás.

Nuevos pensamientos después de la escritura

Después de habernos desahogado y plasmado todo lo que sentimos por escrito, pasaremos por el proceso de buscar soluciones y tener ganas de superarlo. Habitualmente, luego de algunos días de atravesar el conflicto y el malestar que sentimos, se avanza hacia otra etapa en la que aparecen nuevos pensamientos.

Como ya hemos soltado todo lo malo y nos hemos desahogado, nuestro interior se va limpiando del dolor del pasado y así resulta más fácil mirar hacia el futuro y buscar soluciones. Ahora, más livianos, no queda lugar para los lamentos o frustraciones, solo queda aceptar y empezar de cero hacia nuevas experiencias.

Es importante tener en cuenta que para que la escritura ayude de manera terapéutica depende de cómo se realice, y si la persona cuenta con la capacidad de ayudarse a sí misma. En algunas ocasiones, puede ser necesario recurrir a un profesional de la psicología.

Para detectar si la escritura resulta terapéutica o no, podemos analizar qué sentimientos teníamos los primeros días que comenzamos a escribir y qué sentimientos tenemos en el presente. Ver si nos sentimos mejor, si pudimos dejar ese problema atrás, si encontramos alguna solución a aquello que nos preocupaba. En caso de que sea negativo, necesitaríamos ayuda profesional para cerrar la etapa negativa y volver a empezar.
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